Writing In Quarantine – Alicia Lorenzo (MT, 6b)

Writing In Quarantine – Alicia Lorenzo (MT, 6b)

April 17, 2020 Quarantine Spanish 0

A pesar de estar en lo que parece un apocalipsis global a causa de esta maldita pandemia, siento cada vez más y más rencor hacia la sociedad que nos rodea. Tal vez sea por el sobre-estímulo de información que tiene mi generación, o simplemente (como suelen decir los mayores) es porque soy adolescente.

Es muy fácil criticar al mundo desde mi posición de niña privilegiada a la que no le falta nada y que va a un colegio privado carísimo, pero me parece que muchas en mi misma posición solo miran hacia su propio ombligo en vez de darse cuenta de que los problemas que supuestamente han salido a la luz con esta pandemia ya existían, sólo que ahora estos problemas les afectan directamente.

Los mismos que votaron a los conservadores en este país, ahora, al parecer, les importa el sistema nacional de salud que llevan empobreciendo durante años. Me parece vergonzoso que las mismas personas que me criticaban por ser socialista ahora salgan los jueves por la noche a aplaudir a los médicos de este país, cuando antes era mucho más importante pagar bien a unos managers de compañías inútiles que a médicos y a enfermeras que se dejan la piel en el trabajo porque no hay suficientes recursos ni camas.

Ahora sí que es evidente que no hay suficientes recursos para el NHS, pero ha hecho falta una crisis global para que por fin escuchen las advertencias de gente como mis padres que llevan trabajando para el NHS cómo médicos durante lo menos 16 años.

La verdad es que después de todo esto lo lógico sería dejar de hacer recortes devastadores en sanidad, e invertir más en ayudar a la gente que de verdad necesita ayuda, como los sin techo. ¿No les parece curioso que de repente haya remedio para estas personas, cuando les llevan ignorando durante años? Cosas que deberían ser básicas para uno de los países más ricos del mundo, como por ejemplo, hacerse cargo de que todos los niños puedan comer algo todos los días, hasta en esta crisis, no parecen ser lo más importante para el gobierno.

A los encargados de los supermercados, a los enfermeros, y a la gente que trabaja en residencias que se están jugando la vida por otros les dan un aplauso, mientras a los políticos les dan un extra de £10,000 para ayudarles a trabajar desde casa.

Da asco.

Da asco que Matt Hancock pueda decidir que la vida de un político tenga más valor que la de una enfermera o un dependiente de una tienda, porque al parecer ahora no es el momento de decidir si les van a subir el sueldo (¡pero sí el de los políticos, sin duda!). Da asco que prioricen las pruebas del Covid-19 para políticos y no para médicos. Da asco que haya directores de colegio que tengan que ir a repartir comida a sus alumnos porque no se les puede garantizar al menos una comida al día en sus casas.

Es muy fácil desde nuestro punto de vista olvidar a estas personas. Pero pensar en ellas no es suficiente.

Se supone que este es un país meritocrático, pero al parecer los que de verdad merecen más son los que son más minusvalorados están. Unos aplausos todas las semanas y un reto de Instagram no van a cambiar absolutamente nada.

La gente a la que llamamos héroes o mueren como mártires no lo hacen por el amor al arte, si no por deber. Esta gente no quiere nuestros títulos estúpidos, si no reconocimiento en forma económica por su trabajo.

¿Y saben lo peor de todo esto? Que cuando todo esto acabe absolutamente nada va a cambiar. Llámenme pesimista, pero es de esperar.

Vivimos en una sociedad capitalista que no quiere y no parece que vaya a cambiar, ni con el estímulo de una crisis global.

Seguirá siendo mil veces más importante pagar a un futbolista que a una profesora o a un enfermero. Los millonarios de todo el mundo seguirán acaparando dinero mientras twittean desde su mansión sus rezos por el resto del mundo. Esta gente no redistribuirá su riqueza para ayudar a los demás, porque obviamente es mucho más importante usar su poder para conseguir retweets y ‘crear conciencia’ que para remediar el problema.

Yo puedo quejarme de la incertidumbre que rodea mi vida académica gracias a esta pandemia, y señalar los problemas que hay en el país donde vivo, pero no puedo hablar por experiencia de lo que significa perder un trabajo o pasar hambre porque no llego a fin de mes.

Mi voz no tiene significado alguno. Siendo una niña de diecisiete años tampoco puedo hacer nada para cambiar el mundo donde vivo, ni tiene importancia nada de lo que hago.

Quiero gritar y quiero poder hacer algo, pero me encuentro en un limbo que me impide hacer algo de utilidad porque no tengo ni poder ni fuerzas para seguir.

No puedo ni empezar a imaginar lo que le está pasando a la gente que nadie escucha y que necesitan ayuda de verdad.

A pesar de todo lo que diga, al fin y al cabo yo acabo siendo igual que las personas a las que critico. Voy a hacer una carrera de letras y mi contribución al mundo será mínima. Seguiré viviendo relativamente bien criticando al sistema mientras yo participo en ése mismo.

La hipocresía será interminable y los problemas de la gente que de verdad sufre no serán remediados, por mucho que gente como yo siga escribiendo cosas como esta. El sistema seguirá recompensando a unos pocos que no lo merecen y castigando al resto.

No sé cómo concluir mis pensamientos, pero sigo agarrándome a una minúscula gota de esperanza; tal vez sea por idealismo o por pura ingenuidad.

Miro al pasado y puedo reconocer que ha habido cambio. Espero que mientras yo esté viva siga habiendo gente luchando, y que sigamos ganando batallas. También espero que haya gente igual o más privilegiada y poderosa que yo que siga apoyando el cambio.

Realmente creo que haya una revolución a la vuelta de la esquina. Ya sea grande o pequeña, será bienvenida.

 

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